lunes, 3 de mayo de 2010

martes, 27 de abril de 2010

Lienzos decorativos en papel amate y tule



¿Qué es el papel amate?

Es una lámina vegetal elaborada de manera artesanal, mediante una técnica cuyo origen se remonta a la época prehispánica de Mesoamérica. Se le llama papel porque es manufacturado a partir de las cortezas internas de árboles, si bien su proceso de elaboración es muy distinto del que se sigue para la producción del papel común.





La elaboración del papel amate está considerada como una de las aportaciones y tradiciones más valiosas que dejaron los pueblos mesoamericanos.
El nombre de papel amate se debe a que en el periodo prehispánico y el principio de la época colonial, normalmente se empleaban fibras de corteza de árboles pertenecientes a la familia de los Ficus, llamados amates o xalámatl en lengua indígena nahuatl.



No obstante, a medida que la demanda de papel amate fue aumentando, los artesanos que lo elaboraban fueron buscando otras especies de árboles (jonotes, morales, limoneros, etc.). Más recientemente, también se ha empezado a utilizar una planta acuática de tallos largos y esponjosos, llamada tule, cuya mayor consistencia proporciona papeles más gruesos que el papel producto del amate. Con la introducción de este material, en los últimos años se han empezado a realizar trabajos de diseño artístico, ya que a diferencia del papel de corteza, el tule no se vende sin decorado, lo que ha dado lugar a cuadros o láminas de diseños, colores y tamaños muy variados, de gran atractivo como producto ornamental o de decoración, que es exportado a Estados Unidos, Europa y Japón.




Elaboración

El papel amate se realiza de forma completamente artesanal, implicando un arduo esfuerzo físico y una dedicación que puede llevar hasta un día entero, dependiendo del tamaño y diseño del papel.

La elaboración se inicia tras la extracción de la corteza de los árboles, que es realizada mediante un corte que se realiza en la base del árbol que permite extraer largas tiras de corteza, que se vuelven bastante duras al secarse. Posteriormente, estas se ponen a cocer entre cinco y ocho horas en grandes recipientes de agua, con cal, ceniza y últimamente sosa caústica para conseguir que se reblandezcan y se hagan más flexibles y maleables. Luego se enjuagan en una batea con agua limpia, y se ponen a escurrir, quedando con aspecto de algodón mojado.



Eliminado el exceso de agua, los hilos de fibra remojada se extienden en tiras entrelazadas sobre un tablero de madera lisa formando una cuadrícula. Cuando se hace por primera vez, se suele poner jabón o grasa en las tablas de madera, para evitar que la fibra se adhiera a la tabla, y así conseguir que la hoja de papel se pueda desprender fácilmente.

Las fibras se aplastan golpeándolas con una piedra lisa de origen volcánico o con un mazo de madera, asegurándose que se unen entre sí, integrándose perfectamente en la superficie, hasta formar una lámina continua con todos los espacios cubiertos. Sobre esta base, se van obteniendo las figuras, torciendo o tejiendo las fibras unas con otras. Al final se le arreglan los bordes para que queden lo más rectas posibles y se colocan las tablas en posición inclinada para que el papel seque al aire y al sol. Una vez que ya se ven las hojas secas se desprenden cuidadosamente, obteniendo un pliego de papel amate.



En la antigüedad, había distintos tipos de árboles que proporcionaban el color en forma natural, ya que nunca se utilizaban tintes, pero en la actualidad, debido a la dificultad de conseguir algunos de estos árboles, también se elabora papel utilizando colorantes como anilinas, tierras de color o plantas que permitan teñir la fibra, e incluso cloro para blanquear las fibras.

Como ya se ha mencionado, recientemente también se ha empezado a elaborar papel a partir de una planta llamada tule, empleada normalmente para la elaboración de cestas, esteras, bolsas, e incluso muebles. El proceso seguido es prácticamente idéntico al utilizado en el papel producto del amate, con la única diferencia de que al ser el tule más grueso, el tiempo de secado es mayor



Historia

Orígenes

Aunque no se sabe exactamente cuando empezó a producirse el papel amate, no hay duda de que tiene una larga historia que puede remontarse a más de 1500 años, ya que hay pruebas arqueológicas de su uso por parte de las principales culturas mesoamericanas, empezando por los olmecas en su época de mayor florecimiento, los aztecas o mexicas y los mayas. Estos pueblos utilizaban para elaborar el papel la parte interna de la corteza de ciertos árboles, principalmente del Amate o Higo salvaje. Algunos expertos consideran que este papel era superior en textura, durabilidad y plasticidad al papiro Egipcio.





Antes de la llegada de los colonizadores españoles, tenía varios usos, entre los que destacaba la utilización ritual como ofrendas en algunas ceremonias de curanderos y adivinos en los que se vestían a los dioses de madera con ropa confeccionada con amate. También se utilizaba para la elaboración de libros-códices, en los que se registraba la historia del pueblo, de sus dioses, relatos míticos, o se plasmaban los conocimientos que se querían preservar y difundir; y finalmente como elemento ornamental tanto personal (en trajes civiles y ceremoniales), como de edificios (templos, palacios y casas)




El papel en la época colonial

Con la conquista y colonización española, se prohibió la producción de papel amate, al igual que los ritos y actos ceremoniales en los que era empleado, por considerar los colonizadores que su uso estaba asociado con las creencias indígenas y tener además una función esencial en el ámbito político, que comprometía su capacidad de gobernar y controlar. Para satisfacer sus necesidades de papel, los españoles introdujeron en México papel manufacturado de Europa. A pesar de las múltiples prohibiciones, lo que ocasionó la disminución del empleo del papel de amate, y que el uso de este prácticamente cayera en el olvido, algunos grupos indígenas alejados de los centros coloniales continuaron elaborando y utilizando el papel amate clandestinamente en ceremonias curativas y agrícolas.

El Papel amate hoy en día

La producción del papel amate ha logrado sobrevivir a través de los siglos, gracias fundamentalmente a la tradición de una pequeña comunidad otomí (o ñähñus) de unos 5 mil habitantes, ubicada en las montañas del norte de Puebla, llamada San Pablito Pahuatlán, reconocido como el único pueblo que probablemente conserva el proceso ancestral tradicional de elaboración de este papel, junto con algunas poblaciones nahuas del estado de Veracruz.


El uso del papel amate está estrechamente ligado a la vida de sus habitantes, tanto por ser el modo de ganarse la vida de más de 800 familias que se dedican a esta arte milenario, como por la creencia de quienes le otorgan poderes mágicos y curativos. La religión de los habitantes de esta comunidad es una mezcla de interpretación de la católica y la indígena, ya que además de venerar a Jesucristo, la Virgen de Guadalupe y los Santos, continúan honrando y ofrendando al Sol, la Luna, el fuego y la tierra, al Señor del Monte, a las deidades del agua, a los espíritus de las semillas y a los seres malignos (a los que se representa mediante figurillas de papel amate recortadas).



La producción comercial del papel amate se inició a fines de los 60, diversificándose extraordinariamente, mediante el desarrollo de una gran diversidad de formas, estilos y mezclas de distintos tipos de materiales, diferentes cortezas, papel picado, aplicaciones de bordados tradicionales de hilo y chaquira y la apertura a una infinidad de usos: pantallas de lámparas, forros de muebles, artículos de escritorio y papelería.



Hasta hace algunos años, los artesanos de San Pablito utilizaban la corteza extraída de árboles adultos que crecían en su territorio, pero el incremento de la demanda de amate ha impactado negativamente en el ecosistema de la región, por la desaparición paulatina de las especies utilizadas tradicionalmente, en especial de los Ficus. Esta deforestación ha hecho que el abastecimiento actual dependa de extractores de otras zonas de Veracruz y de la sierra norte de Puebla. También por este motivo, en los últimos treinta años, los artesanos otomíes han ido buscando especies alternativas más abundantes, longevas y de crecimiento más rápido, probando su maleabilidad para elaborar papel. Se han identificado hasta trece especies para manufacturar papel amate, entre las que destacan los jonotes (Heliocarpus Donnell-Smithii Rose, Trema micrantha), morales (Morus celtidifolia), los limoneros (Citrus aurantifolia), el ojite (Brosimum alicastrum), tortocal (Ulmus mexicana), palo brujo (Sapium oligoneuron y Sapium aucuparium), etc.


Entre todas las especies, destacan los árboles de jonote, que son utilizados para dar sombra a las plantaciones de café, y que crecen rápidamente y en forma abundante, en particular en áreas deforestadas y perturbadas. Estos árboles ofrecen la ventaja de que se les puede extraer la corteza en a los 5 años de su plantación, a diferencia de los 25 años que había que aguardar con los amates.